jueves, 11 de julio de 2013




SOLDADO DEL REGIMIENTO DE AUXILIARES DE LOS ANDES DE MENDOZA, 1829

En esta nueva entrada del blog, presento un soldado del regimiento de Auxiliares de los Andes de Mendoza, hacia 1829, época de la batalla de La Tablada.

Este regimiento, que alcanzó una notable celebridad, especialmente en Cuyo y el Noroeste Argentino, tuvo su origen, contrariamente a lo que se cree, en los cuerpos militares creados en la provincia de Mendoza para la lucha contra el indio.

Hasta 1813 la ciudad de Mendoza, y las villas y territorios que comprendían su jurisdicción, formaban parte de la Gobernación Intendencia de Córdoba del Tucumán, con sede en la ciudad de Córdoba. En noviembre de aquél año, se creó la Gobernación Intendencia de Cuyo, que comprendía las ciudades de Mendoza, San Juan y San Luis, separándolas de la de Córdoba del Tucumán. La nueva Gobernación fijó su sede en la ciudad de Mendoza. El 1 de marzo de 1820 se disuelve la Gobernación de Cuyo, constituyéndose Mendoza, San Juan y San Luis en gobernaciones independientes.

 
Durante el largo período en que las Provincias Unidas del Río de la Plata carecieron de una organización constitucional, la provincia de Mendoza no dictó ninguna constitución o reglamento constitucional. Lo haría recién después de 1853, ya organizado el país.

Tampoco existieron normas o reglamentos propios relativos a la organización de las milicias. Se aplicaron sucesivamente los Reglamentos Provisorios de 1815 y 1817 dictados por Buenos Aires, que ya fueran analizados en los posts anteriores.

En lo que respecta al Regimiento de Auxiliares de los Andes, sus orígenes fueron los siguientes.

En 1827, el gobierno de Mendoza encomienda al coronel José Félix Aldao, el famoso Fraile Aldao, la Comandancia de la Frontera sur de la provincia y lo autoriza a crear una Compañía de Caballería de la República, teniendo como centro de operaciones el fuerte de San Carlos. Aldao, formado en la disciplina y el rigor del regimiento de Granaderos a Caballo de San Martín, se abocó con ahínco a la organización de ese regimiento, el cual alcanzó un alto grado de instrucción y disciplina.

 


A lo largo del año 1828, la Compañía fue aumentando su plantilla, así como su instrucción. En ese año, las tropas de la Comandancia Sur efectúan diversas campañas contra los indios de esa zona. Participan las unidades del fuerte de San Carlos, especialmente el Escuadrón de Auxiliares del Sud (también llamado Granaderos a Caballo), al mando del Coronel Casimiro Recuero y también los cuerpos del fuerte de San Carlos, al mando del Coronel Aldao, incluyendo la Compañía de Caballería de la República, así como el Escuadrón de Defensores de la Frontera, caballería de milicias e incluso dos compañías de infantería, dos cañones y algunos lanceros de tribus leales al gobierno de Mendoza.

Luego de esta campaña exitosa, llegó la orden del gobierno mendocino que encargaba al Coronel Aldao el mando de la división mendocina que se incorporaría al Ejército Federal Combinado que, a las órdenes de Juan Facundo Quiroga, se aprestaba a invadir la provincia de Córdoba.

Para esta nueva campaña, Aldao reunió a sus escuadrones de defensa de la frontera, es decir, la Compañía de Caballería de la República, el Escuadrón de Defensores de la Frontera y probablemente el Escuadrón de Auxiliares del Sud, también denominado de Granaderos a Caballo. Estas fuerzas se refundieron y pasaron a denominarse Regimiento de Auxiliares de los Andes, unificándose en instrucción, disciplina y uniformes, como luego se verá.

Dice Damián Hudson en sus Recuerdos Históricos sobre la Provincia de Cuyo que el regimiento marchó a Córdoba fuerte de cuatro escuadrones. Como se dijo en la entrada anterior, se puede estimar la fuerza mendocina entre 800 y 1.200 hombres (cuatro escuadrones de dos compañías de 100 hombres cada una o tres compañías de 100 hombres cada una).

Hudson deja también una inestimable descripción del uniforme de este cuerpo: todo de azul, con bocamanga azul sajón, cabos de oro jefes y oficiales.

 

Así he representado la figura. Me incliné por la chaqueta corta y la gorra de plato por ser muy populares en la época y por ser además parte del uniforme que adoptó más tarde su homónimo costeado por la provincia de Buenos Aires cuando hizo la campaña que culminó en la batalla de La Ciudadela en 1831.

 Relata Paz en sus Memorias que los Auxiliares de los Andes formaban en el ala izquierda de Quiroga en la batalla de La Tablada y sufrieron fuertes pérdidas.

 Luego de la batalla, sus restos volverían a Mendoza a rehacerse nuevamente, recibiendo para su instrucción oficiales enviados por Quiroga, por ejemplo el Coronel José Ruiz Huidobro, español afincado en Mendoza, y el de igual grado Pantaleón Argañaráz, riojano. Allí participaría del sangriento combate del Pilar al mando del también riojano José Benito Villafañe.

Intervino luego en la batalla de Oncativo o Laguna Larga, a principios de 1830, donde nuevamente sería duramente castigado. Esta vez no se rehacería, pues Aldao quedaría prisionero de Paz y Mendoza sería ocupada por Videla Castillo, lugarteniente de aquél.

Sin embargo, cuando Quiroga marchó a Buenos Aires, Rosas le encomendó la misión de marchar sobre Paz tomando la ruta del sur de Córdoba y Cuyo. Para ello, la Sala de Representantes bonaerense autorizó al caudillo riojano a levantar un regimiento a costa del tesoro porteño que tomaría el nombre de Auxiliares de los Andes y cuyo jefe sería el ya General Ruiz Huidobro. Por cierto, sólo se le permitió a Quiroga reclutar presos comunes, de lo que éste se quejaría más tarde amargamente. Aun así, el riojano se las arreglaría para llevar a cabo la campaña más audaz, exitosa y brillante de las guerras civiles, sometiendo todo el sur de Córdoba, Cuyo y el Noroeste, siempre teniendo como base el regimiento de Auxiliares de los Andes.

 

Puede decirse que, pese a que el nuevo regimiento se estructuró sobre la base de su homónimo mendocino (e incluso parte de su oficialidad era mendocina), ya no era el mismo, de manera que puede considerarse extinguido éste luego de Oncativo.

El regimiento de Auxiliares de los Andes "porteño" prestaría grandes servicios, haciendo la campaña de 1830 / 1831 con Quiroga, la campaña al desierto de 1833, varios servicios de frontera, sobre todo en San Luis, pasando luego a Entre Ríos donde formó parte del ejército de esa provincia que enfrentó a Paz en Caaguazú al mando del Coronel Pantaleón Argañaráz quien sería fusilado luego de esa batalla por conspiración.

Existen otras menciones sobre el uniforme de este cuerpo. Sarmiento en su Facundo afirma que estaban "lujosamente equipados de colorado". Seguramente Sarmiento piensa en los llanistos riojanos más que en los Auxiliares de los Andes mendocinos. Existe además un cuadro del pintor alemán Johan Möritz Rugendas que se titula "Soldado del Regimiento de Auxiliares de los Andes de San Luis, 1838". La obra ilustra el encabezamiento de nuestro blog y muestra un soldado provisto de coraza negra y lanza, con pantalón colorado y chaqueta azul oscuro. El artista viajó por nuestro país y estuvo efectivamente en la provincia de San Luis hacia 1838. De esa época, son varias acuarelas suyas, todas de tipos del lugar: un hacendado, un soldado de caballería de milicias. Rugendas pintaba lo que veía en el momento. No era un pintor de temas históricos y muchos menos de un país que le era ajeno. En 1838 el regimiento de Auxiliares de los Andes mendocino ya hacía tiempo que había dejado de existir. Subsistía su homónimo porteño que prestaba servicios de frontera en San Luis, costeado por la provincia de Buenos Aires, que es probablemente el representado por Rugendas y no un soldado de Quiroga como comúnmente se cree.

En cuanto a la figura en sí, es una transformación de un Lancero Polaco de la Guardia de Napoleón de la marca británica Airfix, en 54 mm. Lamentablemente no se consiguen más estas figuras, el menos en el mercado rosarino.

De nuevo, por favor, quien tenga datos para aportar a la reconstrucción de este uniforme, será más que bienvenido. Nada me haría más feliz que modificar mi opinión, pero por favor que sean aportes documentados. Mi reconstrucción está basada en diversas fuentes, cuyas citas exactas no he incluido para no cargar innecesariamente la entrada, pero el que las quiera me las pide y las pongo en una entrada.

 Saludos y hasta la próxima!

viernes, 10 de febrero de 2012

OFICIAL DEL REGIMIENTO NO. 1 DE CABALLERÍA DE LA PROVINCIA DE LA RIOJA, 1829 (ÚLTIMA PARTE)


Última parte

Volvamos al regimiento que nos ocupa, el 1º de caballería de Los Llanos de La Rioja. De las fuentes analizadas podemos deducir que, en la batalla de La Tablada, el regimiento se componía de tres escuadrones, de a dos compañías cada una con aproximadamente 100 hombres, es decir, un total aproximado de 600 hombres. El resto de las fuerzas de La Rioja se compondría de las milicias de caballería del resto de los departamentos, Famatina, Guandacol y Arauco y del batallón de infantería de la capital (que se puede estimar en 300 hombres aproximadamente).

Hasta aquí, he dado una noticia aproximada de la composición del regimiento y de su fuerza aproximada hacia 1829 en base a las pocas fuentes disponibles.

Ahora la cuestión es ¿qué apariencia tenían los hombres de este cuerpo? ¿Se uniformaban? Y, en su caso, ¿qué uniforme tenían?

Al respecto no he podido contar con leyes o decretos de la provincia disponiendo determinada vestimenta. La destrucción del archivo de La Rioja en el año 1841 impide tener certeza sobre este punto. Sin embargo, “escarbando” en diversas fuentes he podido obtener algunos datos.

En primer lugar, ¿tenía el cuerpo un uniforme? El viajero francés Thèodore Lacordaire, que estuvo en la ciudad de Córdoba en el momento de la invasión por parte de Quiroga, relata su encuentro con el caudillo riojano y sus hombres. Describe ciertos rasgos del uniforme de aquél (el sombrero de Guayaquil, las botas chilenas y el poncho) y añade un importante comentario: en el resto del uniforme en nada se diferenciaba de los oficiales que lo acompañaban. Los oficiales que lo acompañan son con toda seguridad miembros de su escolta de llanistos, es decir, oficiales del regimiento No. 1 de Los Llanos. De aquí se concluye que Quiroga vestía en La Tablada el uniforme de jefe del regimiento, el mismo que retratara el pintor suizo-francés Jean Goulu y que copiara Arthur Onslow en su famoso grabado litografiado por Bacle: chaqueta roja corta con tres hileras de botones dorados y alamares de trencilla negra. Por varios relatos, sabemos que ese uniforme se completaba con pantalones blancos.

En el archivo de Quiroga encontré también varias referencias interesantes. En carta de Nicolás Dávila (entonces gobernador de La Rioja) a Quiroga de 1821 se menciona que se le envían a éste los pedidos de vestuarios para los trompas de su regimiento (el de Los Llanos) consistente en “chaqueta, gorra y pantalón”, aunque no se habla de colores. Se encuentra también una carta de Benito Villafañe a Quiroga, fechada en 1827, informando sobre el costo de tres chaquetas de paño encarnado, con trencilla negra. También existen allí varias cuentas de gastos para vestuarios de oficiales de Los Llanos, incluyendo los costos de chaquetas de “paño fino”.

Por su parte, Lamadrid en sus memorias, cuando relata la persecución a Quiroga luego de la batalla de Oncativo, habla de los soldados de la escolta de Quiroga vestidos de colorado. Además, otras fuentes mencionan que al regimiento se lo apodaba los “Colorados” justamente por el color de sus uniformes.

De ahí que nuestro oficial, un teniente según la graduación, vista básicamente el uniforme de Quiroga antes descripto.

Existen otras fuentes relatando uniformes de Quiroga o de sus oficiales. El cuadro de Arístides Fumagalli sobre la batalla de La Tablada, existente en el Museo Histórico Nacional Argentino, muestra un oficial  riojano vestido con chaqueta colorada y pantalones blancos, pero los alamares son dorados y la prenda de cabeza es un curioso chacó de copa verde y banda amarilla. Por más que busqué, no pude encontrar confirmación de esta prenda de cabeza en otras fuentes. Quizás una licencia de artista!

También existe la descripción del uniforme de Quiroga que hace Gallet de Kulture cuando relata el encuentro de aquél con Hilario Ascasubi después de la batalla de Rincón de Valladares: chaqueta azul, pantalón blanco y kepí rojo (evidentemente se refiere a una gorra de plato, pues el kepí no existía en esa fecha).

He preferido reproducir la chaqueta roja con alamares de trencilla negra como prenda más probable, pues está bien documentada. En cuanto a la prenda de cabeza, he optado por una gorra de plato roja por ser más verosímil que un chacó (las gorras de plato se usaban mucho en esa época y los chacós eran mucho más costosos).

Dos palabras sobre la figura en sí. Todo empezó por un caballo de madera tallada que encontré en casa de una tía. Nada más verlo, pensé en montarle un jinete. Pero la cosa no era fácil, pues la escala era al menos de 1/15 y no existe nada en el mercado en ese tamaño (al menos en Argentina). De manera que tuve que aprender a hacer figuras de cero, empezando por un esqueleto de alambre y modelando todo con masilla epoxy. Al caballo también tuve que hacerle todo el recado, pues venía desnudo.

Bueno, espero que el artículo les haya gustado y la figura también (desde ya pido disculpas por los errores escultóricos y de pintura, fue mi primera experiencia en modelado de cero!!).

La reconstrucción del uniforme me llevó varios años de hurgar en archivos y fuentes. Creo que es todo lo que existe publicado sobre el tema (Google libros es una excelente manera de buscar), pero desde ya les pido que si alguien tiene algo que aportar, lo haga, así todos nos enriquecemos y podemos hacer una reconstrucción más fiel, que es en definitiva lo que importa.

No he incluido todas las citas exactas por parecerme fatigoso para el lector, pero están a su disposición.

Saludos y hasta la próxima!

OFICIAL DEL REGIMIENTO NO. 1 DE CABALLERÍA DE LA PROVINCIA DE LA RIOJA, 1829 (CUARTA PARTE)


Cuarta Parte:

Continuamos. Hablábamos del número de las fuerzas federales en la batalla de La Tablada.

Siendo La Rioja la provincia más involucrada, y por tanto la que más hombres comprometería en la campaña, resulta evidente que las demás provincias aliadas, Mendoza, Catamarca y San Luis, aportarían menores fuerzas.

Catamarca era una provincia con población similar a la de La Rioja. Quiroga informa a López en la carta ya mencionada que los catamarqueños ascendían a 600 hombres al invadir Córdoba. Existe documentación que permite aseverar que la provincia había prometido 500 hombres más, pero no es posible saber si esa fuerza llegó a unirse al ejército principal, aunque hay razones para dudarlo dado el itinerario que siguió Quiroga en sus marchas y lo veloz de éstas.

San Luis era una provincia muy castigada por las invasiones indígenas y apenas podía distraer hombres para la campaña a Córdoba. Quiroga en su ya mencionada carta afirma que, a poco de invadir el territorio cordobés, se le suman 80 puntanos. En su marcha al oeste de las montañas cordobesas, Quiroga penetraría precisamente en San Luis para recibir los contingentes de Mendoza, San Juan y San Luis antes de volver a ingresar en Córdoba para enfrentar a Paz, pero es dudoso que se le sumaran muchos puntanos más. A lo sumo, habría 100 o 120 hombres de San Luis en la campaña (éste último es el número originalmente prometido por la provincia cuyana al General en Jefe de los ejércitos aliados, Estanislao López).

En cuanto a San Juan, la sublevación en Las Quijadas del contingente prometido por la provincia impidió que éste se sumara a la invasión.

Finalmente, queda por analizar el contingente mendocino. Mendoza era con mucho la provincia de la alianza federal más rica y poderosa en hombres. Sin embargo, también tenía una extensa y conflictiva frontera con las poblaciones indígenas del sur de Cuyo, que causaban severos daños con sus depredaciones. Así y todo, la provincia destinó sus mejores hombres para la campaña: el regimiento que había sido creado por José Félix Aldao, el fraile Aldao, unos años antes precisamente para servir de guarnición en el fuerte de San Carlos, al sur de la provincia, punto de contención de las invasiones indígenas. Este regimiento cambiaría su nombre por el de Auxiliares de los Andes para la campaña a Córdoba, nombre con el que se haría justamente célebre.

Sabemos por Damián Hudson que el regimiento marchó a Córdoba fuerte de cuatro escuadrones. Si pensamos en la fuerza promedio de los escuadrones de caballería en aquél tiempo, podemos estimar la fuerza mendocina entre 800 y 1.200 hombres (cuatro escuadrones de dos compañías de 100 hombres cada una o tres compañías de 100 hombres cada una).

Resumiendo, entre 1.200 riojanos, 600 catamarqueños, 120 puntanos y 1.200 mendocinos (como máximo) la cifra de hombres en el campo de La Tablada asciende a poco más de 3.100 hombres, cifra muy aproximada a la que da Lamadrid en sus memorias. Quizás la provincia de Córdoba lograra aportar un escuadrón más de 200 o 300 hombres, sobrevivientes del combate de San Roque, unos meses antes, y que seguramente servirían como escolta del General Juan Bautista Bustos, dado que éste no tuvo mando independiente en la batalla.

Hasta la próxima!

OFICIAL DEL REGIMIENTO NO. 1 DE CABALLERÍA DE LA PROVINCIA DE LA RIOJA, 1829 (TERCERA PARTE)


Tercera Parte

Seguimos. Hablábamos del Regimiento No. 1 de Los Llanos de La Rioja.

En cuanto a su conformación, se pueden encontrar algunas referencias. En carta de Quiroga a José Ramón Álvarez, de fecha 4 de julio de 1827, al día siguiente de la batalla de Rincón de Valladares, Quiroga manifiesta que “doscientos y pico de hombres muertos de los enemigos son el comprobante del valor del primero y tercer Escuadrón de Caballería de Los Llanos”. Se deduce entonces que el regimiento de Los Llanos se componía a esa fecha de al menos tres escuadrones, el segundo quizás habría quedado en reserva en La Rioja.

En sus memorias, Lamadrid menciona que, en la batalla de El Tala, Quiroga venía con 800 hombres de caballería y que en el momento decisivo del combate el mismo Quiroga carga al frente de 200 jinetes, con toda seguridad sus llanistos, es decir, todos del Regimiento No. 1 de Los Llanos.

Por aquellas fechas, la conformación de los regimientos de caballería solía ser de dos a cuatro escuadrones, cada escuadrón compuesto de dos compañías de alrededor de 100 hombres cada una, lo que daba un total de aproximadamente 200 hombres por escuadrón.

Existen varias versiones sobre el número de las fuerzas federales presentes en la batalla de La Tablada. Por un lado, el propio Quiroga en carta a Estanislao López de fecha 5 de junio de 1829, pocos días antes de la batalla, informa que penetra en el territorio de la provincia de Córdoba con 1.200 hombres de La Rioja y 600 de Catamarca.

Por su parte, el General José María Paz en sus memorias habla de 5.000 hombres, 700 de infantería y el resto de caballería. Eso dejaría unos 4.300 hombres en el campo el día de la batalla, pues la infantería federal permaneció en la ciudad de Córdoba.

Finalmente, Lamadrid en sus memorias afirma que Quiroga tenía en el campo de batalla 3.000 hombres de caballería.

La cifra generalmente repetida por los historiadores contemporáneos a la batalla y aún actuales, es la de 5.000 hombres que da el General Paz. Sus memorias estuvieron durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX rodeadas de un áurea de prestigio y se las consideró incuestionables por buena parte de la historiografía. Hoy sabemos que, si bien constituyen un valiosísimo aporte para el conocimiento de los hechos que allí se narran, no carecen de errores y aún de exageraciones y distorsiones más o menos deliberadas, fruto de la pasión y en ocasiones de la autojustificación (en defensa de Paz podemos decir que prácticamente ninguna obra de este tipo carece de estos defectos).

A mi juicio, la cifra de 5.000 hombres atribuida por Paz al ejército de Quiroga es claramente exagerada. Es imposible saber si ello se debe a un error de memoria (recuérdese que Paz escribe muchos años después de los sucesos) o a una deliberada exageración para enaltecer aún más su triunfo.

A poco que se analice la capacidad de movilización militar de las provincias federales aliadas que intervinieron en el combate, La Rioja, Mendoza, Catamarca, San Luis y Córdoba, se advertirá lo imposible de esa cifra.

Respecto de La Rioja, el censo de 1814 arrojaba para la provincia una población de 14.092 habitantes. El partido más numeroso era el de Arauco, con 3.892 individuos (según el censo de 1807), de los cuales aproximadamente la mitad eran varones y la otra mitad mujeres. El partido de Los Llanos alcanzaba más o menos para esa misma época unas 3.568 personas. Es interesante señalar que según un informe del 31 de agosto de 1811 las milicias de La Rioja apenas pasaban de 2.000 hombres. Es decir, sobre un total de poco más de 14.000 habitantes, la provincia podía disponer de 2.000 hombres como máximo.

En la práctica, pocas veces hubo más de 1.500 riojanos sobre las armas en una campaña. Recordemos que en 1820, la provincia pudo alistar apenas 800 hombres para hacer frente a los sublevados del Regimiento No. 1 de los Andes que invadían su territorio.

En consecuencia, es claro que hay que creer a Quiroga cuando dice en 1829 que invadió la provincia de Córdoba con 1.200 riojanos. Esta fue la fuerza riojana que intervino en la campaña de La Tablada.

Continuará…

OFICIAL DEL REGIMIENTO NO. 1 DE CABALLERÍA DE LA PROVINCIA DE LA RIOJA, 1829 (SEGUNDA PARTE)


Segunda Parte

Seguimos con este artículo.

A partir de la autonomía riojana, en 1820, La Rioja, como la mayoría de las provincias, se hallaba dividida en departamentos administrativos (que no coincidían exactamente con los curatos eclesiásticos). Estos eran cinco: Famatina, Guandacol, Arauco, Los Llanos y la propia ciudad de La Rioja.

Cada uno de estos departamentos estaba militarmente a cargo de un Comandante Militar, encargado de organizar y convocar las milicias en caso de necesidad. Los cinco Comandantes Militares dependían orgánicamente del Comandante General de Armas de la Provincia, generalmente con asiento en la ciudad capital, aunque Juan Facundo Quiroga, aún revistiendo dicha calidad, siempre tendría su centro de operaciones en Los Llanos.

Existen numerosas referencias documentales sobre las milicias riojanas. Se recuerda incluso su sublevación, en el siglo XVIII, con ocasión de la convocatoria a luchar en las guerras contra los indios calchaquíes, sublevación a la que eventualmente también se sumaron las milicias catamarqueñas.

Como en la mayoría de las capitales de provincia, la ciudad de La Rioja era prácticamente la única que mantenía un cuerpo militar permanente, consistente en un batallón de infantería. El resto de las milicias departamentales sólo eran convocadas en caso de peligro o necesidad. La historia recuerda varios de estos casos. Por ejemplo, con ocasión de la expedición auxiliar a Copiapó, en 1817, en apoyo de la invasión a Chile por parte del General San Martín, el Comandante Militar de Famatina, Nicolás Dávila, alistó dos escuadrones de caballería de milicias con un total de 120 hombres. Para esa misma expedición, marcharon de Los Llanos 200 hombres de caballería.

Cuando los sublevados del Regimiento No. 1 de los Andes llegan a La Rioja en 1820, el entonces gobernador de La Rioja, Francisco Ortiz de Ocampo, alistó 800 hombres de todos los departamentos para enfrentarlos.

En todos estos casos, las milicias de los distintos departamentos fueron de caballería, constituyendo el Batallón de Infantería con asiento en la capital riojana, el único cuerpo de ese arma.

Pero es ciertamente con la aparición de Facundo Quiroga que las milicias riojanas, especialmente las de Los Llanos, empiezan a adquirir protagonismo. En 1823, en la batalla de El Puesto, Quiroga combate al frente de las milicias de Los Llanos, consistentes en 200 hombres de caballería. A partir de allí, su dominio sobre la provincia sería indiscutido. La Sala de Representantes riojana le había otorgado el título de Comandante General de Armas de la provincia en 1822, cargo que conservó aparentemente hasta su muerte en 1835.

Existen referencias documentales a algunas unidades de milicias. En tal sentido, se conserva un acta del Cabildo de la ciudad de La Rioja, de fecha 23 de julio de 1825, en que se hace referencia al Coronel del Regimiento No. 1 de Los Llanos, Don Isidoro Moreno. Evidentemente, las milicias de Los Llanos estaban organizadas en un regimiento, que además se numeraba como el primero de la provincia, seguramente por influjo de Quiroga.

También se sabe que en la Batalla de El Tala, el ejército de Lamadrid capturó la bandera del Regimiento No. 1 de La Rioja, la famosa bandera negra con el lema “Religión o Muerte”. Esta bandera había sido adoptada por Quiroga, por lo que es lógico suponer que fuera la bandera de su regimiento, el No. 1 de Los Llanos.

Continuará….!

OFICIAL DEL REGIMIENTO NO. 1 DE CABALLERÍA DE LA PROVINCIA DE LA RIOJA, 1829

Primera Parte

Uno de los temas que particularmente me ha interesado en estos últimos años es el de los ejércitos de Facundo Quiroga. No voy a hacer juicios de valor sobre este caudillo argentino. Me limitaré a tratar de reconstruir, en la medida de lo posible, y con la documentación existente hasta donde he podido examinarla, la organización y uniformes de los ejércitos que él comandó.

Sin lugar a dudas, entre los cuerpos militares más célebres de las guerras civiles argentinas se cuenta la caballería llanista o de la región de Los Llanos de la Rioja. Región vasta y en buena medida árida, hacia principios del siglo XIX su principal fuente de recursos era la ganadería, siendo un área de pastoreo apreciada en la zona. El propio Quiroga fue hijo de un hacendado importante, oriundo de San Juan, Don Prudencio Quiroga.

Los habitantes de Los Llanos eran hombres habituados a andar a caballo y, por ende, jinetes excepcionales. El centro del poder de Quiroga, nacido en San Antonio pequeña localidad del departamento de Los Llanos, estuvo siempre en su tierra natal. Allí reclutó siempre sus mejores hombres y su poder de convocatoria fue siempre notable.

Ahora bien, ¿cómo se organizaba militarmente la provincia de La Rioja? Recordemos que, hasta 1820, La Rioja había dependido administrativamente de la Intendencia de Córdoba del Tucumán, siendo sólo una tenencia de gobernación. Para entender cómo se organizaban las fuerzas militares en La Rioja, es preciso describir la organización de las milicias en general en el territorio del Virreinato del Río de la Plata, luego Provincias Unidas del Río de la Plata.

En este sentido, el “Reglamento para las Milicias disciplinadas de Infantería y Caballería del Virreynato de Buenos Ayres”, aprobado por el rey Carlos IV en enero de 1801, establecía para todos los hombres hábiles de entre 16 y 45 años un servicio en la milicia no menor de 10 años y no mayor de 20, excepto para quienes quisieran continuar y si eran necesarios. Resulta importante destacar que, antes de dicho Reglamento, el término “milicias disciplinadas o regladas” aludía a aquellas que tenían una plana mayor veterana y una asamblea reglada con su correspondiente régimen. Además de estas milicias regladas existían las milicias urbanas, que eran las que no cumplían con los requisitos de las regladas y correspondían a ciudades, villas y parajes poblados y las milicias provinciales, correspondientes a una provincia, de la cual no debían salir. El Reglamento de 1801 no dispuso nada respecto de las milicias urbanas o provinciales, las que continuaron en clase de milicias urbanas, para ser convocadas en caso de necesidad (artículo 11 del Reglamento).

En lo que respecta al actual territorio de La Rioja, el artículo 7, del capítulo 1, del Reglamento establecía que la Intendencia de Córdoba del Tucumán, de la que dependía (entre otros) dicho territorio, debía contar con un pie de fuerza de 2.400 plazas. En cuanto a los cuerpos, en la frontera sur de Córdoba se hallaba el Regimiento de Voluntarios de Caballería de Córdoba, con cuatro escuadrones de 3 compañías cada uno y un total de 1.200 plazas. Se distribuía en la frontera con el indio según las necesidades.

En la ciudad de Mendoza y su distrito se hallaba el Regimiento de Voluntarios de Caballería de Mendoza, que contaba con dos escuadrones y un total de 600 plazas.

En la ciudad de San Luis se hallaba el Regimiento de Voluntarios de Caballería de San Luis, constituido por dos escuadrones y un total de 600 plazas.

Como se advierte, el Reglamento no prevé milicias regladas en el territorio de La Rioja. Sin embargo, ello no quiere decir que no existieran cuerpos militares allí. Existían en calidad de milicias urbanas provinciales.

La Rioja, al contrario que otras provincias, nunca se dio una constitución o reglamento provisional luego de su autonomía en 1820 (hasta después de 1853). En lugar de eso, adoptó el Reglamento Provisorio emitido por el Directorio de las Provincias Unidas en 1817. Este Reglamento tenía una Sección entera, la VI, dedicada a ejército y la armada. En sus tres capítulos, la Sección VI abarcaba diversos aspectos: nombramiento de oficiales, fueros militares, penas y sanciones, etc. Se disponía también la creación de cuerpos de milicias regladas nacionales en las provincias, tanto de infantería como de caballería. Naturalmente, con la anarquía de 1820 estas milicias nacionales pasaron a ser provinciales. Finalmente, se establecía también la creación de milicias cívicas en las ciudades, villas y pueblos, compuesta de vecinos (concepto éste que sólo incluía aquellos habitantes que contaran con una finca o propiedad de un valor mínimo de diez mil pesos, como así también los dueños de tienda abierta y los que ejercieren algún arte u oficio público). Por supuesto, no es que las milicias cívicas se crearan a partir del Reglamento, sino que éste sólo intentó unificar la organización de las que existían. Las calidades exigidas para formar parte de los cívicos, como se los llamaba, pueden llamar la atención, pero debe tenerse en cuenta que esa pertenencia implicaba también un estatus social y civil.

En varias ocasiones a lo largo de las guerras civiles, se ampliaron estas exigencias para incluir a todos los habitantes de las ciudades o pueblos, dividiéndose los cuerpos cívicos en los de “europeos” (los que contemplaba el Reglamento) y los de “pardos, morenos o naturales” (mestizos, negros e indios, respectivamente).

No he encontrado datos sobre la milicia cívica de la ciudad de La Rioja, excepto que se componía, como se verá más adelante, de un batallón de infantería, lo que por otra parte era lo habitual, quedando las milicias de caballería para los departamentos de la campaña.

Bueno, por lo extenso del artículo, acá lo dejo y seguirá en otra entrada.

Saludos!

lunes, 5 de diciembre de 2011

Bienvenidos al blog

La idea de hacer este blog surgió como una consecuencia de mi afición a la historia militar argentina y al modelismo militar. Particularmente, me he sentido atraído en estos últimos años por un tema lamentablemente muy poco abordado por los historiadores: la historia de los cuerpos militares de las provincias argentinas en el período que va desde 1820 hasta 1852. Comúnmente se estructura la historia de nuestro ejército a partir de los ejércitos “nacionales” (el ejército que luchó en las guerras de la independencia, el que lo hizo en la guerra contra el Imperio del Brasil y el que se estructuró a partir de 1860, después de la batalla de Pavón, con la incorporación definitiva de Buenos Aires a la Nación Argentina. Por lo que respecta a los largos años entre la caída del Directorio en 1820 y la batalla de Caseros en 1852 (con la excepción del período de la guerra del Brasil), las únicas fuerzas armadas que se historian son las de la provincia de Buenos Aires. De las demás provincias argentinas poco o nada se ha escrito. Es cierto que los historiadores, generalmente oriundos de Buenos Aires, tuvieron siempre mayor facilidad para escribir la historia de las fuerzas militares bonaerenses, simplemente porque tenían los archivos históricos a mano. También es cierto que muchos archivos provinciales no contienen documentos del período que me interesa, en parte porque en algún momento de la historia fueron destruidos o incluso usados para fabricar cartuchos de papel para fusiles. Éste último fue el caso del archivo de la provincia de La Rioja cuyos documentos  fueron utilizados por el General Lamadrid en 1841 para fabricar cartuchos…

Además, la creencia generalizada es que esos ejércitos provinciales no eran más que gauchos armados con lanzas improvisadas. Había esto, pero también había cuerpos militares bien organizados y uniformados, como dan testimonio muchas fuentes.

Por supuesto, no pretendo abarcar la historia militar de todas las provincias argentinas. Sería un trabajo superior a mis fuerzas. Apenas intentaré hacer algunos aportes de lo que he obtenido “escarbando” en el material publicado. Un estudio concienzudo me obligaría a viajar a cada provincia, visitar archivos, museos, etc. Pero esto todavía es sólo un hobby y no dispongo ni de tiempo ni de recursos para hacer esos viajes.

De ahí la idea de este blog: que todos aquellos a quienes les interese este tema puedan acceder y hacer sus aportes desde sus provincias!. Entre todos, quizás podamos rescatar a esos ejércitos olvidados…