viernes, 10 de febrero de 2012

OFICIAL DEL REGIMIENTO NO. 1 DE CABALLERÍA DE LA PROVINCIA DE LA RIOJA, 1829

Primera Parte

Uno de los temas que particularmente me ha interesado en estos últimos años es el de los ejércitos de Facundo Quiroga. No voy a hacer juicios de valor sobre este caudillo argentino. Me limitaré a tratar de reconstruir, en la medida de lo posible, y con la documentación existente hasta donde he podido examinarla, la organización y uniformes de los ejércitos que él comandó.

Sin lugar a dudas, entre los cuerpos militares más célebres de las guerras civiles argentinas se cuenta la caballería llanista o de la región de Los Llanos de la Rioja. Región vasta y en buena medida árida, hacia principios del siglo XIX su principal fuente de recursos era la ganadería, siendo un área de pastoreo apreciada en la zona. El propio Quiroga fue hijo de un hacendado importante, oriundo de San Juan, Don Prudencio Quiroga.

Los habitantes de Los Llanos eran hombres habituados a andar a caballo y, por ende, jinetes excepcionales. El centro del poder de Quiroga, nacido en San Antonio pequeña localidad del departamento de Los Llanos, estuvo siempre en su tierra natal. Allí reclutó siempre sus mejores hombres y su poder de convocatoria fue siempre notable.

Ahora bien, ¿cómo se organizaba militarmente la provincia de La Rioja? Recordemos que, hasta 1820, La Rioja había dependido administrativamente de la Intendencia de Córdoba del Tucumán, siendo sólo una tenencia de gobernación. Para entender cómo se organizaban las fuerzas militares en La Rioja, es preciso describir la organización de las milicias en general en el territorio del Virreinato del Río de la Plata, luego Provincias Unidas del Río de la Plata.

En este sentido, el “Reglamento para las Milicias disciplinadas de Infantería y Caballería del Virreynato de Buenos Ayres”, aprobado por el rey Carlos IV en enero de 1801, establecía para todos los hombres hábiles de entre 16 y 45 años un servicio en la milicia no menor de 10 años y no mayor de 20, excepto para quienes quisieran continuar y si eran necesarios. Resulta importante destacar que, antes de dicho Reglamento, el término “milicias disciplinadas o regladas” aludía a aquellas que tenían una plana mayor veterana y una asamblea reglada con su correspondiente régimen. Además de estas milicias regladas existían las milicias urbanas, que eran las que no cumplían con los requisitos de las regladas y correspondían a ciudades, villas y parajes poblados y las milicias provinciales, correspondientes a una provincia, de la cual no debían salir. El Reglamento de 1801 no dispuso nada respecto de las milicias urbanas o provinciales, las que continuaron en clase de milicias urbanas, para ser convocadas en caso de necesidad (artículo 11 del Reglamento).

En lo que respecta al actual territorio de La Rioja, el artículo 7, del capítulo 1, del Reglamento establecía que la Intendencia de Córdoba del Tucumán, de la que dependía (entre otros) dicho territorio, debía contar con un pie de fuerza de 2.400 plazas. En cuanto a los cuerpos, en la frontera sur de Córdoba se hallaba el Regimiento de Voluntarios de Caballería de Córdoba, con cuatro escuadrones de 3 compañías cada uno y un total de 1.200 plazas. Se distribuía en la frontera con el indio según las necesidades.

En la ciudad de Mendoza y su distrito se hallaba el Regimiento de Voluntarios de Caballería de Mendoza, que contaba con dos escuadrones y un total de 600 plazas.

En la ciudad de San Luis se hallaba el Regimiento de Voluntarios de Caballería de San Luis, constituido por dos escuadrones y un total de 600 plazas.

Como se advierte, el Reglamento no prevé milicias regladas en el territorio de La Rioja. Sin embargo, ello no quiere decir que no existieran cuerpos militares allí. Existían en calidad de milicias urbanas provinciales.

La Rioja, al contrario que otras provincias, nunca se dio una constitución o reglamento provisional luego de su autonomía en 1820 (hasta después de 1853). En lugar de eso, adoptó el Reglamento Provisorio emitido por el Directorio de las Provincias Unidas en 1817. Este Reglamento tenía una Sección entera, la VI, dedicada a ejército y la armada. En sus tres capítulos, la Sección VI abarcaba diversos aspectos: nombramiento de oficiales, fueros militares, penas y sanciones, etc. Se disponía también la creación de cuerpos de milicias regladas nacionales en las provincias, tanto de infantería como de caballería. Naturalmente, con la anarquía de 1820 estas milicias nacionales pasaron a ser provinciales. Finalmente, se establecía también la creación de milicias cívicas en las ciudades, villas y pueblos, compuesta de vecinos (concepto éste que sólo incluía aquellos habitantes que contaran con una finca o propiedad de un valor mínimo de diez mil pesos, como así también los dueños de tienda abierta y los que ejercieren algún arte u oficio público). Por supuesto, no es que las milicias cívicas se crearan a partir del Reglamento, sino que éste sólo intentó unificar la organización de las que existían. Las calidades exigidas para formar parte de los cívicos, como se los llamaba, pueden llamar la atención, pero debe tenerse en cuenta que esa pertenencia implicaba también un estatus social y civil.

En varias ocasiones a lo largo de las guerras civiles, se ampliaron estas exigencias para incluir a todos los habitantes de las ciudades o pueblos, dividiéndose los cuerpos cívicos en los de “europeos” (los que contemplaba el Reglamento) y los de “pardos, morenos o naturales” (mestizos, negros e indios, respectivamente).

No he encontrado datos sobre la milicia cívica de la ciudad de La Rioja, excepto que se componía, como se verá más adelante, de un batallón de infantería, lo que por otra parte era lo habitual, quedando las milicias de caballería para los departamentos de la campaña.

Bueno, por lo extenso del artículo, acá lo dejo y seguirá en otra entrada.

Saludos!

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